¡Buenas cervecero! En el día de hoy vamos a analizar la kombucha de Tempranillo de La Cuina Restaurant, producto nacional envasado en formato de 33cL, adquirible en el restaurante ya nombrado (pincha aquí). Su precio en sala es de 3.5€ (o sea, 10.5€ el litro) lo que es bastante barato teniendo en cuenta por dónde se mueve actualmente la hostelería.
Acerca de la kombucha de Tempranillo
El producto se trata de una kombucha, bebida (y alimento) probiótico compuesto en su mayoría por agua, con una infusión de té (verde o negro) y azúcar, fermentado con el denominado SCOBY (que no deja de ser una colonia de bacterias y levaduras, como en el caso de los kéfires de agua y leche).
En la kombucha analizada su distintivo es el uso de la uva tempranillo, variedad tinta típica española utilizada para la elaboración de vino (supone más de un 60% de la utilizada para la D.O.C. Rioja) con un gran abanico de flavors y una acidez baja (por ello es una apuesta segura).
Normalmente, el uso de ligeras cantidades de uva tinta en bebidas se percibe como frutas silvestres por lo que, personalmente, pienso que es muy positivo para el productor ya que con un producto más barato logras un sabor más inusual, ahorrándote unos cuantos euros (no hay comparación entre el precio por kilo de uva y de grosellas).
Análisis técnico de la kombucha
Veamos con mayor detalle algunas de las características de la kombucha de Tempranillo de La Cuina Restaurant.
Formato de comercialización. Sólo se vende en botellín de vidrio de 33cL. Por lo general se sirve en sala, aunque puedes comprar más en el establecimiento.
Embotellado. La botella es de vidrio oscuro, ancho y chato. La etiqueta es personalizada, por ser un regalo, por lo que de normal no lleva ninguna (además, deberían indicar ingredientes, fecha de consumo preferente, volumen, análisis nutricional… demasiada faena para ser un producto casero y que va variando según ingredientes e ingenio del I+D).

Su chapa es blanca, con la palabra Exquisite grabada. Lo azul es para que, al no haber etiqueta, los trabajadores identifiquen la kombucha que van a servir.

Premios. No cuenta con ninguno, pero tampoco hay muchos concursos.
Ingredientes. En este caso, la lista se compone de agua, té negro, azúcar, SCOBY y uva tempranillo. Si posee algún ingrediente más lo desconozco. Al ser té negro el aporte es distinto, con notas más tánicas y tostadas (que entiendo que estarán bien compensadas mediante el dulzor y frescor de la uva).
Contenido alcohólico. Su graduación se entiende de 0º. Tal vez haya algún alcohol residual, pero será ínfimo (o sea, se lo puedes dar a tu nene, que no hay problema).
Aun así, hay que remarcar que la mejor cantidad de alcohol que se puede consumir es la de 0 gramos.
Contenido energético. No se indica, por lo que haré una suposición. Intuyendo unos 5g de azúcar por cada 100mL, por toda la botella habrán 17.5g lo que harán 70kcal en esa ración y 21kcal por cada 100mL.
Análisis organoléptico de la cerveza
Veamos cómo se desenvuelve la kombucha de Tempranillo de La Cuina Restaurant en los órganos sensoriales.

Color. Su tonalidad es rosa rojizo. Basándome en el sistema SRM para clasificar el tono y su saturación, le doy un valor de unos 10 SRM. Su saturación y brillo son elevadas, en parte por que el líquido es turbio (como una cerveza NEIPA).
Espuma. Su producción es moderada, de retención media-baja, color blanquecino-rosáceo y ligera, un poco burlosa (chisposa). En boca es un poco dulce, recordándome a la fresa.
Columna de burbujas. Produce un ascenso constante, de burbuja fina, repartido por todo el vaso.
Lágrima. Su residuo es fluido (por los azúcares y aceites esenciales), fijando restos de espuma (encaje belga) por todo el vaso, que permanecen largo tiempo.
Olor. En nariz las notas se orientan a la fermentación y la fruta añadida, con un perfil claro de frutas del bosque (frambuesas, fresas y grosellas) y un ligero toque ácido, que me parece málico (muy suave, y nada punzante).
Flavor y percepciones somatosensoriales. En boca entra, en un primer trago, con cuerpo robusto, atractivo, suave, con alta carbonatación. Predomina el dulzor, frutal, con toques a fresa y demás frutillas. No es nada empalagosa. No se percibe alcohol. Presenta un ligero regusto a levadura, agradable (da la impresión de fermentado). Hacia el final, que es dulce e induce a la salivación, hay una ligerísima astringencia en las mucosas, pero que se puede eliminar pasando la lengua.
Su postgusto es dulce, con persistencia tanto en la boca, como en la garganta, del azúcar. Nada tiene que ver con la sensación que te queda con los refrescos, en donde el ácido te cala hasta dentro de la encía.
Posteriores tragos son más dulces, y con menor carbonatación (lo cual tiene sentido, correlacionándose). Es muy refrescante y ligera.
Amargor. Este sabor no está presente.
Maridaje de la kombucha de Tempranillo
Este producto lo consumí junto a unas lentejas con arroz, patata, boniato, ajo, guisantes, zanahoria y coles de Bruselas, con caldo de puchero (mood depurativo total).
La combinación fue muy agradable. Por un lado, la sobriedad del plato (toque proteínico y terroso de las lentejas y ajo, almidón y fibra de los tubérculos y vegetales) se compensaba con el toque dulce de la bebida, que, además, al tener el perfil frutal, maridaba en fruta-verdura. Por otro lado, al tener un cuerpo denso, no quedaba opacada por la comida. Asimismo, su frescor y efervescencia limpiaban la boca de todo lo concentrado en el caldo.
Otra opción de maridaje puede ser con unas brochetas de lomo de cerdo, pimientos y piña a la brasa, con unos raviolis de calabaza caramelizada y pera, y con una mousse de manzana y melocotón.
¿Qué te ha parecido la kombucha? ¡Déjame tu opinión en los comentarios!
¡Te leo!

